
Tras su separación del resto de la Compañía, Frodo y Sam
emprenden el camino hacia Mordor por las Emyn Muil. Tras varios días vagando en
busca de caminos que les permitieran descender hacia el este, se encuentran con
Gollum, que había estado siguiéndolos desde Moria. Frodo acaba consiguiendo,
primero bajo amenazas y luego con argumentos convincentes, que la criatura les guíe
hacia Mordor.
Tras salir de Emyn Muil y atravesar la Ciénaga de los
Muertos, llegan hasta la Puerta Negra. Sin embargo, la enorme cantidad de
enemigos custodiándola les imposibilita entrar en Mordor por ella y, por
consejo de Gollum, los viajeros deciden tomar camino hacia el paso de Cirith
Ungol, que se suponía menos vigilado por Sauron.



Sam, al ver a su amo aparentemente muerto, decide continuar
con la misión él solo y tras tomar el Anillo Único, emprende el camino hacia el
Morgai; pero solo había recorrido unos metros cuando ve que el cuerpo inerte de
Frodo es llevado por unos Orcos. Afortunadamente, Sam les oye comentar entre sí
que Frodo no está muerto, sino solo inmovilizado por el veneno de la araña.
Oculto por el Anillo, el hobbit marcha hacia la Torre de Cirith Ungol para
rescatar a su amo.
El retorno del Rey
El retorno del Rey es el tercero de los tres volúmenes. A la
hora de su publicación se dudó entre que se llamara La Guerra del Anillo o El
retorno del Rey, pues mientras que Allen & Unwin encontraba el último
comercialmente más atractivo, J. R. R. Tolkien prefería el primero porque no
revelaba excesivamente detalles de la trama y, sobre todo, el final de la
historia; finalmente el autor acabó cediendo al título que preferían los
editores.
El volumen también está subdividido a su vez en dos partes,
los libros V y VI, que originalmente llevaban los títulos La Guerra del Anillo
y El fin de la Tercera Edad, antes de ser anulados.
En un principio la novela acababa con un epílogo en el que
se veía a Sam, a su mujer Rosita Coto y a los hijos de ambos, años después de
la Guerra del Anillo y en el que el cabeza de familia les leía una carta de
Aragorn, quien en pocos días haría una visita a la frontera de la Comarca. No
obstante, Tolkien acabó siendo convencido para que no incluyera este epílogo, a
pesar de que él lo consideraba necesario. Tiempo después, Christopher Tolkien
lo recogería junto a sus distintas versiones en El fin de la Tercera Edad,
cuarto volumen de la colección titulada La historia de El Señor de los Anillos.
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